¿Es México una potencia misionera?

Existen países que son reconocidos por sus esfuerzos evangelísticos y misioneros; tal es el caso de Inglaterra, Holanda, Suecia y los Estados Unidos, entre otros. Todos ellos cuentan con una cultura de “envío”, y parecen entender la necesidad del conocimiento de la Palabra de Dios en el mundo.

¿Podrá algún día ser México una “Potencia Misionera”?

Aunque han habido esfuerzos no pequeños en nuestra patria para enviar misioneros mexicanos, no somos lo que se conoce como una “Nación Misionera”, y no es de extrañarse ya que México ha sido durante mucho tiempo uno de los países en que se han concentrado los esfuerzos de la iglesia cristiana en el mundo por alcanzar a los perdidos. Recibimos misioneros en nuestras ciudades; en las comunidades indigenas; en nuestras escuelas; en los pequeños pueblos; para traducir la Biblia; atender a nuestros enfermos, etc. Han llegado a enseñarnos y nosotros los hemos recibido con brazos abiertos. Pero poco a poco se levanta una ola de mexicanos que conscientemente desean cumplir la palabra confiada por Cristo a sus discípulos en Mateo 10.8

…de gracia recibisteis, dad de gracia.
— Mateo 10.8

Lamentablemente aun existimos aquellos que nos escudamos en versículos anteriores donde Cristo dice: “Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis” para no realizar la encomienda que se nos ha dado, olvidando que fue el Señor mismo quien en capítulos más adelante nos dijo “id y haced discípulos en todas las naciones” pero eso es tema para otra ocasión, regresemos el enfoque a nuestro país.

Según el sitio "Joshua Project", de los 124 millones de personas que habitamos en México 92 mil no a escuchado el mensaje de salvación y son considerados “unreached people” o gente no alcanzada. Aunque esta cifra es significativa no se compara con los números alarmantes de naciones como Afganistan, en la que el 93% de la población es “unreached”. 

México es un país en extremo bendecido por Dios, y aunque nuestra sociedad esta atravesando momentos difíciles contamos con uno de los elementos más importantes para hacer de nuestro país una potencia misionera: una iglesia fuerte, creciente y estable, pero para convertirnos en lo que deseamos ser es necesario decidirnos a enfrentar nuestros propios miedos y problemas, arrepentirnos de la actitud que nos a llevado a creer que no somos capaces negando con ello la verdad que dice “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, y superarnos para transformarnos de la misma manera en que el apóstol Pablo alienta a los Romanos: “...sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”; todo ello para que como en un efecto domino impulsemos nuestra propia nación, no solo en lo referente al evangelismo mundial sino ¡al mismo desarrollo de nuestro país! La iglesia necesita actuar de manera inmediata en respuesta a este llamado. Nuestra nación lo merece, y el mundo lo necesita.

Es también preciso reconocer el potencial que Dios nos a dado para enviar y sostener una labor fuera de nuestras fronteras al tiempo que seguimos luchando por nuestra gente. Debemos aprender a trabajar con ambas manos como los hombres de la historia bíblica en el libro de Nehemías, quienes después de enterarse de que sus enemigos pretendían atacarlos establecieron estrategias para culminar su labor: los hombres hicieron dos grupos, uno para montar defensa y el otro para trabajar. Los obreros llevaban su carga en una mano y en la otra su arma; y cuando se separaban por grupos, el sonar de la trompeta era la indicación para solicitar ayuda en caso de ataque sorpresa.“¡Entonces nuestro Dios peleará por nosotros!” - les afirmó Nehemías.

Solo así, actuando con sabiduría, planificación y estrategia, considerando en todo tiempo el consejo del Espíritu Santo, podremos desarrollar una conciencia profunda de las necesidades de otros y ser capaces de ver nuestras propias bendiciones para cumplir el propósito de la iglesia en la tierra de anunciar las buenas nuevas de salvación.

¿Podrá algun día nuestro país ser como los otros y enviar misioneros a las naciones?”

Las raíces de esta pregunta yacen en el área económica, pero sin importar en donde se haya generado es necesario afirmar que México jamás será como uno de los países mencionados. 

México y la iglesia mexicana debe de encontrar su identidad, función y rol en Dios.

Si bien es cierto que podemos echar mano del ejemplo y materiales que otras naciones nos han dado - es más, ¡los alentamos a considerar los logros obtenidos a través de las estrategias que otros utilizaron! - no podemos esperar la misma ejecución ni los mismos resultados.

La búsqueda de la dirección de Dios, es básica y esencial.

El término “Potencia Misionera” no existe - al menos, aun no esta en uso- y aun así creemos que nuestro país e iglesia está en la mira mundial y celestial para tomar su posición y convertirse en aquello que el Señor nos a llamado a ser: Una potencia evangelizadora y misionera de alcance mundial e impacto eternal.

¿Te atreverás a tomar el reto?